Una fantasía melancólica – A a propósito de Babasónicos

Para celebrar el regreso de Babasonicos a Rosario, la revista digital Hamartia publicó, el 5 de junio pasado, un anticipo de «UNA FANTASÍA MELANCÓLICA – A PROPÓSITO DE BABASÓNICOS», un libro sobre su obra, de inminente aparición, escrito por Ángel Fernández. Se trata de tres ensayos de abordan el impacto poético de la banda: «Tres manifiestos estético políticos», «El resguardo del poema», y «El duende cerca».

Acerca de su interés por Babasónicos, el autor sostiene: «No sé casi nada de Babasónicos. Me entero de muchas cosas porque soy otra víctima global de la información, pero eso no suma ni resta nada a la cuenta de mi amor por ellos y sus canciones. Para mí, apenas son lo que hacen y agrego con pudor, lo que me hacen. Me hacen feliz. Bailo, canto, pienso, me asombro, los espero. Se han convertido en una presencia amiga en la que confío mucho más que en mí mismo. Somos de la misma generación a la que le pasa algo que ni nosotros sabemos decir pero que no vamos a entregar a la opinión de los sabihondos. Pero tampoco nos vamos a enojar con nadie. Primero el chiste y la canción… después vemos».

Una fantasía melancólica. A propósito de Babasónicos

Fragmentos del libro de Ángel Fernández

Babasónicos se nos presenta, antes que nada, como un movimiento. No como algo que se mueve sino como el movimiento mismo. Con todas las resonancias musicales, estéticas y políticas de la palabra.

Esto desanima cualquier intento de valorarlo, de convertirlo en objeto de nuestra reflexión o tema de nuestro asunto. Cualquiera que quiera tener información precisa, conocimiento acabado sobre la banda no tiene más que escuchar sus discos. Ningún ensayo universitario o reseña periodística podrá jamás explicar mejor a Babasónicos que sus propias canciones. Nos interesa, al revés, captar algo del sistema de valoración que construye este movimiento. Abrir una conversación sobre los temas que propone y los objetos que configura.

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Toda periodización es discutible. Sin embargo, a partir de la publicación de Trinchera se vuelven legibles al menos tres momentos del aliento de la obra. A su vez, cada uno de ellos parece estar representado por una canción que funciona como manifiesto estético-político.

Primer momento: Pasto. D-generación

Segundo momento: Jessico. Soy Rock

Tercer momento: Discutible. Orfeo

Pasto abre un tiempo de intensidad no desplegada donde la primera canción-manifiesto presenta un héroe colectivo que rechaza las opiniones en favor de lo enigmático de una experiencia. Ese “algo” que le pasa a la generación del narrador, será estructurado poéticamente por esa misma generación, que no va aceptar ser definida desde afuera, pero sobre todo no se va a dejar llevar ni a patadas al infierno, es decir, al trabajo alienado, a la vulgaridad bienpensante, a la autocensura, al ruido globalizado y finalmente al mutismo. Al contrario, en este primer tiempo se trata de dar nombres a lo singular de una experiencia colectiva, orientado por un trabajo de nominación, por un esfuerzo de poesía.

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El segundo momento que se inicia con Jessico presenta un gesto completamente inesperado al identificar al rock con lo femenino en Soy Rock. Así dejan en el milenio pasado al rock-macho, como una antiguedad que avanza inexorablemente a su autodisolución bajo diversas formas que van desde la autoglorificación, pasando por la contemplación marítima, hasta llegar a cambiar la ansiedad por la religión. En cambio, la heroína babasónica que se desplegará en los primeros años del siglo 21 será no solo una mujer sino aquella que está en las antípodas de la figura materna. Se trata de la puta que trabaja para quien quiere, no quiere colaborar y que va a ser de cualquiera y no de quien pueda comprar. Una mujer con un deseo decidido bien lejos de la madre protectora, tesorera y administradora de los bienes. El rock es una mujer que cuida lo que no hay, el vacío, que no quiere ser prisionera de ningún organismo feudal, porque ella está dedicada al resguardo de la falta.

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Por último, entramos en el tercer momento que es el que estamos transitando y que se inicia en Discutible ubicando como manifiesto al penúltimo tema: Orfeo. Esta vez es la oportunidad de un héroe mitológico. Aquel que canta y encanta, pero sobre todo condensa los dos grandes temas macedonianos: el amor y la muerte.

Acá el héroe viene a ofrecerse como cantor de su gente. Tiene una pasión y una misión. Hay un agite, una aventura, exceso, absurdo, traición. Ya no estamos en el tiempo del antihéroe anónimo que afirma la experiencia enigmática de un colectivo, amenazada por la doxa. No se trata ya de la rabiosa afirmación de una experiencia universal-singular que se retira de la mirada ajena y se lanza a la búsqueda de las palabras que la revelen.

Tampoco, como ocurre en el segundo momento se trata del rock como heroína disidente que se afirma abiertamente en contra del poder conservador que la quiere reducir a servidumbre.

En este tercer momento lo que se niega no es ajeno (D-generación) y lo que se afirma no es propio (Soy rock), más bien ocurre exactamente lo contrario.

Discutible introduce la pregunta más inquietante: “¿quién va a defenderte de mí?” No hay que perder de vista que se trata de una canción donde lo que está en juego es el abismo de la subjetividad. “A veces me echan de mi propia casa, una hora antes que me lo merezca”. No hay intersubjetividad en la pregunta. Y tampoco esperanza, ilusiones, júbilo. “La vida es un vaso de gaseosa aguada, como una secuencia de bromas pesadas”.

El punto es que nadie está a salvo de sí mismo, nadie puede confiar en sí mismo espontáneamente, cada uno es para sí mismo el más inadvertido y por lo tanto el más feroz de los peligros. Entonces La pregunta se convierte en un himno de la división subjetiva o, para decirlo en términos más clásicos, en un canto al desgarro estructural de la subjetividad.

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Entonces, tenemos que aceptar el derrotero de la mejor banda de rock en castellano de los últimos treinta años. Dejarnos llevar por las preguntas que empieza hacernos nuestro- nunca del todo nuestro- Orfeo electrónico. Porque en este tercer momento las afirmaciones y las negaciones están integradas en el ser que se interroga en su ser. Ya no hay afuera ni adentro. Lo que se afirma es la diferencia y lo que se niega es lo que se creyó propio.

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Inesperadamente tuvo que ser una banda de rock la que tomó a su cargo, en medio del ruido ensordecedor, en medio de la sordera globalizada, la tarea de instalar en el corazón de la bestia, el run run del poema.

Babasónicos repuso la música de la lengua en el corazón gélido de la cultura del ruido. Cuando casi nadie esperaba nada de una banda de rock apareció Discutible, promoviendo el espíritu de la polémica y la interpelación a contramano del prestigio “cool” del cinismo obligatorio. Y ahora, mientras se avecinan las facturas, defiende desde la trinchera, contra viento y marea, el único sueño donde de verdad, es posible despertar.

 

Publicado originalmente el Domingo 5 de junio del 2022 en Hamartia

Imágenes del Facebook oficial de Babasónicos.

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