Hacer danzar el lenguaje

Una breve entrevista realizada por El Juguete Rabioso libros a Ángel Fernández. 2018. Publicado en Rosario12, el

29 de marzo de 2018.

El fin de hacer danzar el lenguaje

¿Qué es la cultura del inconciente?

Con esa expresión me refiero a una cultura de la otra escena, del oxímoron, del efecto de distanciamiento, de la primacía de lo invisible, del reconocimiento del desorden inmanente a todo orden establecido, una cultura que reconozca el peso de realidad que tienen las ilusiones y al mismo tiempo el carácter ilusorio de la realidad. Una cultura de la sorpresa, de lo inesperado, y a la vez de lo que ocurre siempre (casi) igual.

Es la cultura del chiste y del bien decir. Del oído y de la lectura. Pero también de lo que no quiere hablar, del punto ciego, del límite infranqueable de la estructura.

Podemos decir que antes de Masotta teníamos una cultura del psicoanálisis en Argentinapero solo a partir de su intervención comenzamos a tener una cultura del inconciente.

¿Por qué otra vez Masotta?

Porque a casi 60 años de “Sexo y traición en Roberto Arlt” y a más de 40 años de la fundación de la primera escuela lacaniana de Latinoamérica su escritura en textos y en actos sigue siendo ejemplar. Masotta viene del futuro. Hoy lo seguimos leyendo y su enseñanza mejora con el paso del tiempo. Buena parte de los debates actuales están ya planteados en su obra que no se reduce a una bibliografía. No se trata de libros solamente. Es alguien que mantuvo muchas conversaciones con otros interesados en los temas que a él le interesaban y que logró interesar a mucha gente en el psicoanálisis y así organizar espacios de estudio, de encuentro, de deseo que son imprescindibles para la vida analítica y para la vida en sentido amplio. Cuando hablamos de su obra debemos hablar como en el caso de Freud y de Lacan de una bio-bibliografía.

¿En qué momento te encontraste con esa bio-bibliografía?

Acá el tópico obliga a decir que no fui yo el que la encontró, sino que ella me encontró a mí. Suena elegante y a la vez es parcialmente cierto. Porque el trabajo que hizo Masotta estructuró un campo magnético donde el saber y el amor tuvieron un lugar preferencial en el mundo y todos los que vinimos después quedamos dentro de ese campo. Incluso, desde luego, los que se ubican en los márgenes de ese campo. Hay que reconocer eso: el psicoanálisis después de él y en buena parte gracias a él empezó a ser un lugar habitable y habilitado. Un lugar donde alojar los cuerpos, los nombres y las palabras que eran desalojados por la institución oficial. Digamos que en un momento de mi vida me encuentro con un dispositivo que estaba deliberadamente programado para el encuentro.

A la vez, me pasaba algo: trataba de huir de ciertos encierros. Extraviado, pensé en estudiar pedagogía. Todavía soñaba con aprender y enseñar. Como suele ocurrir, buscando un poco de aire encontré formas nuevas de asfixias antiguas. Por suerte hubo una brisa fresca llamada Estanislao Antelo,un profesor interesado en la lectura a quien debo referencias inolvidables.

¿Por ejemplo?

No es una referencia libresca. Es más bien azarosa. Un día voy a buscar un libro a su casa y veo un pedazo de papel pegado en la pared con esa frase de Masotta que dice que él un día va morir y que cualquiera va a poder decir cualquier cosa. Clara inspiración sartreana. Me impactó ese amable desapego respecto de la palabra de los otros. Cierta frialdad indolente. No sonaba a lamento sino todo lo contrario. Me alivió.

¿En qué sentido?

En esa época, sufría mucho por lo que decían los otros, sobre todo cuando me parecía injusto. Me hacía ilusiones con la justicia.Nos pasa a todos: enfermamos enfamilia.Y toda familia es un aparato de censura y de difamación. Por eso ese encuentro tuvo el valor de una intervención, un corte. Diría que fue, para mí, la primera lección que recibí de su palabra. Algo que me sirvió un tiempo después para practicar el psicoanálisis y también para soportar la vida.

¡Encontraste un montón!

Sí. Algo muy chiquito con consecuencias muy importantes.Es que me sonó como un llamado a tomar distancia de las palabras pero no una distancia indiferente sino apasionada. Una distancia que aproxima, para poder leer y escuchar lo que los otros desean hacer con lo que dicen y lo que cada uno no puede dejar de hacer con lo que habla. Produjo un cierto giro en mi relación con el lenguaje. Ahí dije,“hay que leer a este tipo”: él sabe que hablamos sin saber lo que decimos.

¿Qué fue lo primero que leíste y para qué sirve leerlo?

“Sexo y traición en Roberto Arlt” fue primero. Es un texto único, muy bien escrito donde se capta esa alianza de sensibilidades que hay en su escritura, que es lo que le da cuerpo a la lectura. Una sensibilidad a la vez literaria, filosófica, política y social. Siempre a distancia de la prosa profesional mientras permanece muy atento al orden del concepto. Eso también se ve en “Ensayos lacanianos” que leí después. Era un ensayista inmenso. Apegado a una retórica de la sencillez que es muy difícil de encontrar, salvo en los grandes escritores. Una sencillez rigurosa, muy atenta a la posición del lector. Él decía que deseaba imitar la “prosa de tonos” de Merleau- Pontyy también aparece permanentemente Sartre como modelo. Y eso está muy bien,pero también se escucha en su manera de decir -Masotta era un gran decidor, aun cuando escribía- el reposo de la voz de Macedonio Fernández, la ironía de Borges, la prisa de Arlt. Y desde luego, también está muy presente la marca de esa belleza atemporal que contiene la prosa freudiana.

Leerlo sirve para entender de qué hablamos cuando hablamos de psicoanálisis. No porque haya una esencia o una identidad fija que quedaría registrada en sus textos de una vez y para siempre. Eso ya lo habían intentado quienes lo precedieron en el capítulo argentino de la historia del movimiento analítico a tal punto que quien no fuera portador de esa supuesta esencia- médica en este caso- debía ser segregado. Al contrario, su trabajo fue inclusivo y se dedicó a establecer lugares donde se pudieran forjar las preguntas necesarias para sostener el discurso analítico. Toda su obra es una invitación a la lectura y una apasionada promoción de la misma, como mediación insoslayable para la elucidación de esa experiencia de elucidación que es el psicoanálisis.

Leerlo es reencontrarse con una recepción lúcida del gesto freudiano que propone el múltiple interés del psicoanálisis. Vía regia para esclarecer esa novedad teórica-práctica que es la invención del psicoanalistay el lugar que éste ocupa en el malestar y el horror en la cultura.

Hace casi diez años diste un ciclo de conferencias gratuitas en la librería Homo Sapiensbajo el título “Extimado Oscar Masotta”, escribiste artículos y antes habías dado charlas sobre este tema en el Centro freudiano de Rosario, además del espacio del curso anual de psicoanálisis donde hacés referencia constante al tema, ¿la propuesta de este año es una continuación de ese trabajo o hay alguna novedad?

Hay una novedad, pero tiene menos que ver conmigo que con el progreso del discurso.Casi todos reconocen el trabajo riguroso y despierto de Germán García que inauguró un modo inédito de decir la historia del psicoanálisis en nuestro país y también un “psicoanálisis dicho de otra manera”. Por otra parte, Marcelo Izaguirre, Ana Longoni y algunos otros han analizado, informado y esclarecido la cuestión abriendo una serie de temas y problemas nuevos en torno a Masotta. Antes se discutía su legitimidad. En la actualidad esa discusión ha terminado. Ya casi nadie la sostiene y en parte porque es insostenible. Al contrario, hay un aire de “¡todos masottianos!” Es un poco cómico pero conviene recordar que esto -según apunta con lucidez Jacques-Alain Miller- ya había ocurrido con Jacques Lacan. La cuestión es que hoy todos sabemos que Oscar Masotta es una referencia de saber y de deseo ineludible para el psicoanálisis y para la cultura nacional. Si en aquel momento de las conferencias en la librería Homo Sapiens se trataba de situar “fechas, textos y nombres” para defender un legado y tomar partido, hoy se trata de deducir las consecuencias de una enseñanza para el porvenir. Hoy para mí, se trata de ir a buscar en su escritura aquella huella indestructible de su deseo político, lector y analizante.

Para terminar, ¿qué expectativas tenés para el curso anual 2018?

Del psicoanálisis se aprende a perder las esperanzas. Gracias a eso uno empieza a desear en serio que ocurran ciertas cosas por las que ha trabajado largo tiempo sin darse cuenta. Siempre ocurre otra cosa de lo que uno espera, pero esa discordancia enseña algo sobre el narcisismo del que espera. Y así, a veces se disuelve,el ideal autista de la comunicación. Mis expectativas —diría Masotta— son las de mi audiencia.

¿Y entonces?

Y entonces los otros. Lo que esos otros han hecho con lo que han dicho. A favor y en contra del deseo de analizar.Un curso de psicoanálisis es una banalidad si no muestra sus transferencias, que son sus odioamoramientos, sus lecturas…

En términos puntuales la propuesta de este año es hacer un recorrido bio-bibliográfico, seleccionar algunos textos, prestándole especial atención a los prólogos escritos por Oscar Masotta y ubicar ahí, la articulación entre las políticas del psicoanálisis que sostuvo, las prácticas de lectura que realizó y el deseo de analizar que soportó. Siempre tuve la impresión de haber pasado demasiado rápido por una obra de la que podemos dejarnos enseñar varias cosas. Sobre todo me refiero a aquellos que no lo hemos conocido y que somos, más de medio siglo después,sus lectores. Hay ahí, un saber difícil de encontrar en otros lados y a la vez una dificultad del saber muy bien localizada. Es un buen momento para demorarse en ese saber y en esa dificultad.

Y en términos generales – para terminar ahora sí– recuerdo otra vez a Germán García diciendo que los que tienen un discurso para vivir podrían pensar, de vez en cuando, en aquellos que viven para un discurso. Y también pienso en Cloé Masotta hablando de su padre y diciendo que él hacía danzar al lenguaje, que esa era su vocación:“hacer danzar al lenguaje”. Está muy bien dicho. Un curso de psicoanálisis no es un mensaje para todos. Es la narración de los efectos de lectura, la ordenación de los restos de una experiencia singular, para aquellos que no han sido aún, completamente devorados por la necedad.

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